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  El poder y el conocimiento en la empresa
20/11/2009


  Durante muchos el poder estaba en manos de los dueños o propietarios de la empresa. Y se acabo.
Reflexiones a la vista de 2010

Pretendemos hacer unas breves consideraciones sobre la evolución del poder en la empresa, ante los fuertes cambios que la tecnología de la información ha tenido en los últimos años. Algo así como pensar en voz alta, sin elaborar demasiado los argumentos y las consideraciones que realizamos, ya que no se trata de un concienzudo análisis y estudio académico. Se trata, más bien, de sensibilizar a los directivos y gestores de empresa de que algo muy importante está cambiando. Y este cambio afecta al poder y a quienes lo detentan en las organizaciones empresariales. No nos referimos a las cotas de poder que otorgan los puestos del organigrama, los derivados de la autoridad y la jerarquía. Hablamos del poder real y efectivo.

Durante muchos, muchísimos años, el poder estaba en manos de los dueños o propietarios de la empresa y, en menor medida, de sus gerentes y directivos. Y se acabó. Es cierto que podía haber algunos empleados que, por su experiencia o conocimientos muy específicos y neurálgicos para la empresa, fuesen no ya muy valiosos sino imprescindibles. Estaban estos, por tanto, dotados de un cierto poder en la organización, frente a todos los demás, meramente asalariados y prescindibles. El poder era de los dueños y directivos, o con frecuencia, únicamente de los primeros que con dinero podían poner y quitar a su antojo a su personal. Únicamente, las organizaciones sindicales acotando algo este territorio, establecían algunas limitaciones en la práctica a ese poder del empresario.

A modo de ejemplo, puedo traer aquí el caso, en una de las empresas en las que trabajé algún tiempo, en la que su único dueño detentaba la casi totalidad del poder. Era una empresa fabricante del sector textil. Tenía en su nómina un creativo de cierto nivel: un diseñador o modisto experto. Lo habían fichado a buen precio en otra empresa catalana, por entonces el no va más del mundo textil español. Este hombre, absolutamente imprescindible en la citada empresa, detentaba, en consecuencia, una cierta cuota de poder. Pero era la única excepción real en esto.

El conocimiento en la empresa era transmitido de generación laboral en generación laboral. Estaba allí anclado. En sus planos, en sus archivos, en esa ciencia propia que iba pasando de unos a otros, de maestros a aprendices. Al trabajador que llegaba nuevo se le enseñaba la ciencia de la empresa, la aprendía y así trabajaba día a día. Si se iba, otro le sustituiría. El conocimiento estaba en las estructuras y el hombre lo adquiría en la medida en que la empresa quería y le dejaba. Era un conocimiento limitado al máximo. Pensemos, en el grado extremo, en los operarios de una cadena de montaje o de fabricación. Se les enseñaba una función específica, unas operaciones más o menos concretas y limitadas y nada más. A nivel de mandos intermedios, más ampliamente, pero siempre limitado a lo indispensable. Y así en todo el organigrama hacia arriba. Todo buen operario podía siempre ser sustituido por otro, sin mermas importantes de cantidad y calidad. Y, además, ese conocimiento propio de la empresa estaba bastante salvaguardado entre los muros de sus naves y oficinas. Pocas veces había fugas al exterior.

Han ido pasando los años y han sucedido muchas cosas. Apareció y se desarrolló a un ritmo frenético la informática. El mundo de los ordenadores evolucionó, pasando de aquellos inmensos armatostes (computadoras) metidos en locales protegidos y climatizados hasta los actuales portátiles y pantallas de plasma, con capacidades de memoria muy elevadas. Las comunicaciones avanzaron desde la pura y simple telefonía hasta los más modernos sistemas de telecomunicaciones. Y todo esto se fue incorporando, día a día, a la vida de las empresas. Finalmente, aparecieron las redes locales y las intranet, Internet y las videoconferencias. Todo esto ha cambiado el orden de las cosas por completo,

Como una consecuencia ha venido la globalización del conocimiento. A nivel interno de las empresas, esa ciencia de la empresa, sus modos de hacer las cosas, sus programas y planificaciones, sus manuales de procedimientos y de trabajo, todo se ha incorporado a sus sistemas informáticos y está disponible, con las limitaciones de uso y acceso que se quiera, en sus servidores y en sus redes locales. A nivel externo, Internet es un inmenso baúl donde se va metiendo gran parte del conocimiento universal. Entre mucha basura y trastos inútiles, se encuentra una parte de la ciencia y el saber. Y cada día más.

Los empleados de las empresas pasan el día accediendo a su red interna y a Internet. Ante cualquier cosa que necesitan saber, ya no acuden a libros ni bibliotecas, ni a preguntar a jefes o compañeros. Entran en la red y buscan. Casi siempre encuentran algo que les vale. A veces mucho. Y todo este cambio ¿a que nos lleva? A la universalización del conocimiento, de una parte. Y de otra, a que aquellos empleados que controlan y dominan bien el uso de las nuevas tecnologías informáticas y de telecomunicación toman una gran delantera. Mientras, los más antiguos y, con frecuencia, los directivos se quedan atrás y dependen mucho de aquellos. Tienen que acudir a ellos hasta para cuestiones tan elementales como un ordenador que se cuelga u otro que no entra en internet o en el correo electrónico porque está mal configurado o el usuario no sabe hacerlo. Esta dependencia no se suple únicamente con personal de mantenimiento de los equipos, internos o externos. La brecha es mucho mayor, es de mentalidad y de dominio de otro mundo, de otra forma de trabajar.

Esto que acabamos de esbozar tan resumidamente, lleva a que aquel poder omnímodo del empresario, de los gerentes y directivos, se está desplazando en una parte importante hacia quienes tienen ahora el conocimiento de la empresa, de la competencia, del mercado o de la técnica. Estos adquieren cada vez más peso específico, con lo que aumentan su parcela de poder. Ya no basta con tener el dinero y el mando del organigrama, se precisa saber y conocer, tener la llave del conocimiento en la mano.

Este fenómeno, que está en fases iniciales, no cabe duda que podrá ser reconducido a la larga. Pero también puede suceder lo contrario, que la evolución galopante de la técnica informática y de telecomunicaciones, con la integración entre ambas, unida al aumento constante de aplicaciones y programas que diseñen, que planifiquen, que calculen, que manejen máquinas, que chequeen y rastreen el mercado en busca de la demanda y los clientes, que calculen costes y gestionen almacenes en tiempo real, que hagan toda clase de simulaciones en cuestión de décimas de segundo y mil cosas más, puede abrir más la brecha y dar más poder a los técnicos y a los usuarios que dominen todo este naciente universo.

Sucede, además, que la dirección de muchas empresas suele ir por detrás, a paso lento de estas novedades. En parte por una especie de permanente incredulidad hacia los cambios y, también, por tener el tiempo y las mentes siempre ocupadas en la dura realidad del día a día. Se piensa poco y se analiza menos el futuro y sus expectativas. Hasta hace poco tiempo, me topaba en mi trabajo con empresarios y directivos que no creían en el futuro de Internet o desdeñaban el correo electrónico. Muchos se incorporaron tarde a esto. Y mucho más en disponer de sus propias páginas web. Son bastantes los que disponen actualmente de una web, de baja calidad, meramente informativa y llena de carencias. La tienen porque hay que tenerla y todo el mundo dispone de ella. De no ser por eso, no dispondrían de un trasto tan inútil. Con esta pequeña caricatura, pero bastante realista, pretendo poner de manifiesto esa falta de fe de muchos miembros de la dirección y el management de muchas empresas, en el futuro de los avances técnicos antes esbozados. No son una moda, es una realidad galopante de nivel mundial.

Ese ir por detrás, con el paso cambiado, por parte de muchos es lo que está propiciando el avance, en las cotas de poder en las empresas, de bastante gente joven que domina y controla bien el nuevo orden mundial de la tecnología informática y de telecomunicaciones. Aunque, sin olvidar, que entre esta gente, aparentemente experta, hay mucha mercancía falsa, gente que sabe cuatro cosas y alardea de saberlo todo, escondiendo su ciencia en el misterio y el ocultismo.

Al hilo de todo lo que venimos comentando, no me resisto a transcribir unas frases del artículo de Marshall Goldsmith, El desarrollo del liderazgo en el futuro: el impacto de las nuevas tecnologías, publicado en la Colección Management Deusto, tomo de Recursos Humanos, cuando dice: Un día, mientras estudiaba la historia de la empresa a través de Internet, Kelly examinó la historia del liderazgo. Quedó sorprendida al ver la increíble ineficacia con que se hacían las cosas a finales del siglo veinte. ¡Las compañías se metían en verdaderos gastos para que expertos de todo el mundo fueran a darles clases (a veces durante días enteros)! Los pobres líderes tenían que mantenerse despiertos mientras un conferenciante tras otro les daban más información de la que cualquiera podía recordar. A los participantes se les daban grandes carpetas llenas de papel para llevar a casa. ¡Pero nadie verificó siquiera si alguien había cambiado como resultado del proceso! Kelly estaba asombrada. ¡Con razón los líderes del pasado parecían tan atrapados! Con toda seguridad, ella obtenía más información relevante sentada a su mesa durante una semana que la que recogían ellos en un año.

Esta sencilla historia de Goldsmith, totalmente realista, pone de manifiesto ese cambio del que hablamos. Ahora el conocimiento está en otra parte y se llega a él de otro modo. El que sepa adaptarse, saldrá adelante. Quien no lo haga, seguirá perdiendo poder en su organización y, quien sabe, si esa organización superará la prueba del futuro y podrá seguir existiendo. Es posible que la próxima década nos de la respuesta a estos interrogantes planteados.

Manuel Díaz Aledo es editor de Gerenteweb.com y autor del libro Gerencia y dirección.
www.manueldiazaledo.com

Para comentarios y opiniones sobre estas reflexiones: info@gerenteweb.com

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